EL ÚNICO DESEO – En la desnudez de los Tantra

  Autor: Éric Baret

          Sin ningún tipo de título o cultura, Éric Baret no tiene ninguna competencia especial. Los libros de Éric Baret tienen, entre otros méritos, el de estimular nuestra lucidez, mortificar nuestra pretensión, dirigir de nuevo la mirada – que siempre tiende a huir hacia las alturas y lejanías – de vuelta a la cruda luz del instante, a la realidad cotidiana, al sentir inmediato, sin dejar al ego tiempo de nombrar y clasificar la experiencia según sus criterios habituales: agradable-desagradable, bien-mal, ganancia-pérdida, éxito-fracaso.

           Estamos en presencia de la obra de uno de los máximos exponentes del Tantrismo “vivo” en Occidente.

          Extracto del Índice:    Creatividad y libertad    ¿Qué es el tantrismo?    No busque una vida fácil    El pensamiento no puede abordar lo impensable    Una mente libre    La nostalgia del Ser    El increíble gato    El yoga es una plegaria

     

UNA OBSERVACIÓN CIENTÍFICA

          «Muestra  gratitud a tu contento o a tu descontento si es únicamente para Dios para quien has trabajado». 

Jean Tauler, Sermón para el 11º domingo después de la Trinidad. 

          » A menudo, usted dice  que nunca hay que pedir algo a alguien. Pero cuando las cosas no van bien, pedir ayuda a alguien puede hacer bien. Por otra parte no pedir nunca nada ¿no puede ser a veces una forma de orgullo, de afirmación del ego?

            Si no pedir fuera elevado al rango de principio, entonces sí, por supuesto. Dese cuenta de que lo que usted pide a alguien, es su propia tranquilidad. Esto nadie puede dárselo. Puede preguntar la hora. Si ya no tiene para comer, puede pedir algo de dinero en la calle. Si necesita expresar ciertas dificultades, puede pedirle a alguien que le escuche… En ello no hay ningún problema. Pero buscar resolver lo que es esencial, pensar que una relación humana le va a llenar, no es realizable.     Le puede pedir a un compañero de combate pelear con él, le puede pedir a alguien que juegue al tenis con usted, pero sin expectativas en cuanto a lo esencial. La persona dice sí o no, usted registra la respuesta, es lo mismo. Pero si le pide a una mujer, a un hombre, a un gurú, a una enseñanza espiritual, a una actividad o a un barco que le dé lo que usted busca, es decir satisfacción, su fracaso está garantizado. Podemos pedir, pero cuando no tenemos necesidad de ayuda. Desde un punto de vista fisiológico, usted tiene razón. Si se rompe la pierna y no sabe hacer un vendaje correctamente, se lo va a pedir a alguien que sepa hacerlo. Pensaba en un apoyo afectivo puntual…   Si atraviesa un momento difícil, es legítimo pedirle a un amigo que le ayude. Pero pedir algo más que una ayuda puntual, es decir pensar que una situación, que algo puede conducirle a una autonomía afectiva, proviene de una falta de visión. La expresión “nada que pedir”, la empleamos frecuentemente cuando hablamos de relaciones amorosas. Cuando le pide algo a su cónyuge, al principio usted está siempre insatisfecho, después siempre hay una forma de opacidad. Si queremos vivir relaciones armoniosas, no se trata de prohibirse pedir; simplemente, en un momento dado, no pedimos nada. Y en ese momento es cuando la relación encuentra verdaderamente su equilibrio. No hay nada que pedir a su entorno, ni a sus hijos, ni a sus padres, ni a sus amigos. Cuando no pide nada, tiene una relación profunda con lo que le rodea. Mientras esperamos algo de nuestros padres,  de nuestros hijos, no podemos escucharles. Si  esperamos algo de nuestro cónyuge, de la próxima relación afectiva, no podemos escuchar lo que vibra profundamente en nosotros. La expresión “no hay que pedir nunca nada” es desafortunada. Únicamente podemos decir que, cuando hay madurez, la necesidad de pedir desaparece. Un niño pide ciertas cosas; más tarde, pide menos».

Extracto del texto.